NO HAY AÑOS MALOS

NO HAY AÑOS MALOS
Mi percepción a medida que vivo, es que no hay años malos; hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, perdonar, reír, aprender cosas nuevas, haber desafiado nuestros egos y apegos. Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje.
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas y situaciones, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo; "Ser feliz es una decisión", no nos olvidemos de eso.
Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año 2015 porque estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: A aprender a amar
A dejar huella
A ser felices
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos: Aprender a amar la responsabilidad, como instancia de crecimiento.
Es dentro de todo este trabajo, que nos debiéramos concentrar en:
Tratarnos bien como país, amigos, familia, saludarnos en los ascensores, a los guardias, los conductores de los buses, sonreír por lo menos una vez al día; pero sobre todo amarnos a nosotros mismos.
Crear dentro de nuestras casas, u hogares, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados. Nuestras casas, independientemente de nuestros recursos, se están volviendo demasiado perfectas, tanto que pareciera que nadie puede vivir adentro.
Tengamos contacto con la naturaleza, juguemos, riamos y démonos el tiempo de compartir con los abuelos, imprimámosles las fotos para que las vean como a ellos les gusta y disfrutemos de su sabiduría. Acostumbremos a nuestros hijos a compartir con ellos, así entenderán sus historias.
Tratar de crecer en lo espiritual, cualquiera sea nuestra visión al respecto. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia del nuevo siglo: la inteligencia espiritual.
Dosifiquemos la tecnología, fomentemos la conversación, los juegos "antiguos", los encuentros familiares, con amigos, en casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias.
Este nuevo año, vendrá con todo lo necesario para disfrutarlo al máximo; lo bueno, malo, bonito y lo feo; acojámoslo con amor, gratitud y con el alma abierta a todo lo que tendremos que aprender de él.
autor desconocido
0 comentarios