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CARLOS MARIO GALLO MARTÍNEZ

EL CARRIEL DEL PAISA

EL CARRIEL DEL PAISA

Los carrieles que se usaban en un principio tenían por lo general dos o tres bolsillos únicamente; éstos fueron aumentando con el tiempo hasta llegar a límites de dieciocho bolsillos.
Un carriel moderno no tiene más de nueve bolsillos, contando las tres "secretas", o bolsillos disimulados entre los forros.
El carriel es usado por los arrieros, campesinos y puebleños de toda Antioquia: lo mismo en las tierras frías que en las calientes. Cada uno lleva en el carriel los utensilios que considera necesarios para su vida cotidiana, ya sea por verdadera necesidad, o por agüero.
Por tanto, no van las mismas cosas en el carriel del aserrador, que en el del guaquero, ni los mismos utensilios se encuentran en el carriel o guarniel del ganadero que en el del arriero. El que más cosas carga en el carriel, por la índole misma del oficio, es el arriero. En el carriel de un arriero, según reza la tradición popular, debe haber cincuenta objetos; algunos de ellos son:
Plata. Billetes y a veces hasta grandes sumas de dinero que les confiaban los comerciantes de las poblaciones, para ser entregados a los mayoristas de las capitales, en pago de grandes remesas de mercancías. Un arriero que llevara hoy doscientas mulas cargadas, llevaría fácilmente mercancías por valor de tres millones de pesos, como mínimo.
Una barbera. Los arrieros, después de dos, tres, o diez días de penoso viaje, acostumbraban detenerse en alguna quebrada a la orilla del camino para asearse, peinarse y afeitarse, dado que no era bien visto presentarse desaseado ante los comerciantes de la plaza.
Una peinilla, o peinecito pequeño, y un espejito con tapa. La tapa era para proteger el espejo, que sin ella se quebraba rápidamente en las bregas del camino.
Un farolito. Usualmente de tela, plegable, para alumbrar el camino cuando los cogía la noche, y para alumbrar en la tolda.
Una vela de cebo. Para iluminar el farolito.
Un Guarda-vela. Para que la vela no se quebrara y se aplastara dentro del carriel ensuciando todo lo que iba en su interior, el arriero se hacía a su Guarda-vela, que era un estuche pequeño de lata, como una especie de estilógrafo grande, donde guardaba la vela de sebo.
Un par de dados. Para su entretención.
La baraja española. Para jugar tute mientras estaban los frisoles o mientras venía el sueño.
Cartas. La correspondencia, de su pareja usualmente.
Un mechón de pelo de la novia. Atado con una cinta rosa, y perfumada para recordarla. Tanto la carta de amor como el mechón de pelo, iban, naturalmente, ocultos en la "secreta".
Leche de Sandio. Envuelta en un pedacito de capacho de maíz; había que mantenerla pa’ curar el polvillo en los cascos de las bestias, y pa’ las inflamaciones... y, pa’ tapar gusanos en los "güeisis".
Una pitica. Enrollada, por si acaso una carga se rompía en el camino.
Un pedacito de cabuya. Ídem.
Una aguja di’arria. Ésta no siempre iba dentro del carriel. Muchos la pegaban en la copa del sombrero y aún la utilizaban para sujetar el ala del sombrero, contra la copa, al estilo mosquetero.
Una navaja capadora ó pico’eloro. Servía desde para cortar callos y sacar niguas, hasta pa’ pelar alguna fruta o hacerle alguna intervención quirúrgica a algún compañero o a algún animal.
Uno o dos amuletos. Eran los más comunes: La uña de la Gran Bestia. La Cola del Gurre, buen agüero y la cual, calentándola en una vela, servía para quitar el dolor de oído... o para quemarlo.
El Colmillo del Morrocoy. Generalmente era cualquier desecho animal imposible de identificar. El Colmillo del Tigre (jaguar o tigrillo) y, a veces, una pepita cualquiera que -creían ellos-, era la contra de una culebra, que (según ellos) había dejado en la orillita de la quebrada para irse a beber agua.
El Ojo de Venado (oju’e venao). Una cierta semilla muy dura que, según creencias, tenía la cualidad de defender a quien la cargase, del Mal de Asiento o "Almorrana".
Tabaco para el viaje.
Chamiza del fogón ó la vela del farol. Para encender los tabacos.
Recado de sacar candela. Una piedra de castilla, un "deslabón" y yesca.
La estampita de la Virgen del Carmen, o un "Cristico" (pequeño Crucifijo).
Una libreta de apuntes y un lápiz.
Un pito de cacho, para hacer señales a los compañeros.

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