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CARLOS MARIO GALLO MARTÍNEZ

EL ZORRO Y EL OSO

EL ZORRO Y EL OSO

EL ZORRO Y EL OSO
 
Un buen día, un hombre paseaba por el bosque cuando se encontró con un zorro herido. La pobre criatura se había roto las cuatro patas mientras intentaba huir de un cazador y estaba tan malherida, que ni siquiera podía moverse para encontrar comida.
 
El hombre sintió lástima por el animal y decidió acercarse a él, pero mientras lo hacía vio un gigantesco oso que se asomaba entre los árboles arrastrando los despojos del animal que acababa de devorar. El oso pareció no interesarle el zorro y de hecho, dejó caer los restos y se dio media vuelta en busca de otro animal para llevarse a la boca.  Los desperdicios cayeron junto al zorro que se lanzó sobre la poca carne que quedaba con enorme ansiedad.
 
Al día siguiente, el hombre volvió al bosque. Una vez más, el oso había dejado un apetitoso bocado cerca de donde yacía el famélico zorro y nuevamente el zorro se había abalanzado sobre la comida.  El tercer día, al volver al bosque, la escena se repetía.
 
El hombre reflexionó detenidamente sobre lo que había visto.
 
-    Si Dios se preocupa tanto por el zorro - se dijo a sí mismo-, ¿cuánto más se preocupará por mí......? Mi fe no es lo suficientemente fuerte, debo aprender a confiar en Dios con la misma intensidad que el zorro.
 
Acto seguido, el hombre se arrodilló en el bosque y, con la mirada puesta en el cielo, exclamó:
 
-    Señor, el zorro me ha demostrado lo que es tener fe en ti. A partir de este momento me entrego a ti en cuerpo y alma.  Confío en que me asistas como el oso al zorro.
 
Dicho esto, el hombre se tumbó en el suelo a la espera de que Dios se ocupara de él. Transcurrió un día y no sucedió nada. El hombre empezó a tener hambre. Pasó otro día y seguía sin ocurrir nada. El hombre empezó a mosquearse. El tercer día, cuando aún no había ni rastro de Dios, el hombre se enfadó.
 
-    Señor, ¿quieres a ese zorro más que a mí?.  ¿Por qué no te preocupas de mí con lo mucho que yo confío en ti? ¿Por qué no me alimentas?.
 
Por fin, el hambre obligó al hombre a volver al pueblo. En una de las calles del pueblo, se topó con un niño hambriento. No pudo contenerse y le manifestó a Dos su ira:
 
-    ¿Por qué no haces nada para ayudar a este pobre niño?.
 
-    Ya lo he hecho, respondió Dios. Te he creado a ti. Pero has decidido seguir el ejemplo del zorro y no el del altruista oso.
 
Autor Desconocido
Adaptación de una fábula árabe
 

NO PERMITO

NO PERMITO

NO PERMITO
 
-    No permito que otro dirija mi vida, porque mi vida es mía y porque asumo las consecuencias de mis decisiones al admitir mi propia responsabilidad. 
-    No permito que otro invada mi espacio vital, porque reivindico el espacio que me ha otorgado la naturaleza por ser natural.
-    No permito que otro contamine el aire que respiro, porque éste es alimento de mi cuerpo, es lo que me hace vital.
-    No permito que otro limite la calidad de mis sentimientos, porque éstos son fruto de mi alma y estoy dedicando esta vida a crear un alma fuerte y equilibrada, partiendo desde mi propia voluntad.
-    No permito que otro me hiera con sus ironías y con sus críticas, porque éstas volverán a él al ponerle el escudo de mi serenidad.
-    No permito que otro me esclavice con argumentos de un aparente amor, porque mi amor es libre y porque elijo con quien compartir mi intimidad.
-    No permito que otro inculque en mí pensamientos que yo no quiero, porque aunque mis oídos oigan, mi inteligencia filtra y mi ser interior elige, día a día, lo mejor para mi evolución, la verdad.
-    No permito que otro limite la profundidad de mis pensamientos, porque son míos y no tengo porque ser igual a los demás, simplemente he nacido con el poder de la creatividad.
-    No permito que otro limite el vuelo de mi espíritu, porque simplemente he decidido ser universal.
-    No permito que otro robe mis ilusiones, porque éstas son alimento de mi espíritu, y éste ansía la libertad. Porque soy libre, he decidido simplemente: Amar.
 
Autor Desconocido
 
ORACIÓN PARA ALEJAR EL MIEDO
 
Padre, hay momentos en que he sentido mucho miedo.  Momentos desconcertantes y tormentosos y es cuando digo:
 
-    Padre acude a mí en éste momento en que tengo miedo. 
-    Acude a mí cuando dudo, cuando me atormento por el dolor y la incomprensión.
-    Acude a mi cuando el mundanal ruido me afecta y no lo entiendo.
-    Acude a mí en todo momento en que me veas atormentado por la ignorancia de pensar que no estás cerca.
-    Acude a mí cuando me enfermo no solo del cuerpo sino del espíritu.
-    Acude a mí para perdonarme por pensar que no estás cerca.
 
Amén

¿DÓNDE ESTÁN LAS MANOS DE DIOS?

¿DÓNDE ESTÁN LAS MANOS DE DIOS?

¿DÓNDE ESTÁN LAS MANOS DE DIOS?
 
Cuando observo el campo sin arar, cuando la tierra no da fruto, cuando el campesino huye de la violencia.  Me pregunto:
-    ¿Dónde estarán las manos de Dios?
 
Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al prepotente y pedante enriquecerse del ignorante, del pobre y del obrero, carentes de recursos para defender sus derechos.  Me pregunto:
-    ¿Dónde estarán las manos de Dios?
 
Cuando contemplo a una anciana olvidada; cuando su mirada es nostálgica y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó.  Me pregunto:
-    ¿Dónde estarán las manos de Dios?
 
Cuando veo al moribundo en su agonía llena de dolor, cuando observo a la pareja y a sus hijos deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y el lecho se convierte en un grito de súplica de paz.  Me pregunto:
-    ¿Dónde estarán las manos Dios? 
 
Cuando miro al joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino.  Me pregunto:
-    ¿Dónde estarán las manos de Dios? 
 
Cuando miro a la chiquilla que debería soñar en fantasías, arrastrar su existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir y buscando sobrevivir se pinta la boca, se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo.  Me pregunto:
-    ¿Dónde estarán las manos Dios?
 
Cuando aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su periódico, su miserable cajita de dulces sin vender, cuando lo veo dormir en la puerta de un zaguán titiritando de frío, con unos cuantos periódicos que cubren su frágil cuerpecito, cuando su mirada me reclama una caricia, cuando lo veo sin esperanzas vagar con la única compañía de un perro callejero.  Me pregunto:
-    ¿Dónde estarán las manos de Dios? 
 
 Y me enfrento a Él y le pregunto:
-    "¿Donde están tus manos Señor, para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados?".
 
Pero después de un largo silencio, escucho su voz que me reclama:
-    "¿No te das cuenta que tú eres mis manos?.  Atrévete a usarlas para lo que fueron hechas.  Para dar amor y alcanzar estrellas".
 
Entonces he llegado a comprender, que las manos de Dios somos "TÚ y YO".  Los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y justo.  Los que desafiando el dolor y la crítica, nos retemos a sí mismos para ser las manos de Dios.
 
Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar, te pido perdón por el amor que me diste y que no he sabido compartir, las debo usar para amar y conquistar la grandeza de la creación.
 
El mundo necesita esas manos, llenas de ideales y estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día, a forjar un nuevo mundo, con valores superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan al final llegar vacías, porque entregaron todo el amor, para lo que fueron creadas y Dios seguramente dirá:
-    ¡Esas son mis manos¡.
 
Padre Octavio Escobar Rangel   
 
Esta reflexión debe recordarnos que somos nosotros los que tenemos que cambiar para hacer de nuestro mundo, un mundo mejor.  Y ese mundo, empieza en tu hogar, en tu oficina, en la calle, con tu familia, con tus compañeros de trabajo, con todos tus conocidos, y aún con los desconocidos, porque todos ellos merecen de ti lo mejor.
 
GRACIAS SEÑOR
 
Señor mío y Dios mío;
 
Te doy gracias por las noches y los días con los que das vida a mi vida con tu sola presencia, por el alimento seguro que nunca me ha faltado, por haber llegado al final de cada día a reparar mis fuerzas en mi lecho, en mi hogar.  Pero sobre todo Señor, te doy gracias por haberme regalado un día, la vida.
 
Bendice Señor a cada uno de mis amigos y en especial a mis enemigos, porque son ellos quienes más necesitan de Ti.  
 
Señor, Tú sabes cuanto amo a este ser que en este instante está orando junto a mí.  Te pido para él la victoria en todas sus adversidades y barreras, y por aquellas situaciones que por estar a veces alejado de Ti se hacen tan largas y parecen no tener fin.  Bendice también sus proyectos y sueños y que la esperanza en tu infinita misericordia le recuerde que pase lo que pase, Tú nunca nos abandonas.
 
Amén
 
Enviado por:  Miryam Bautista

TERCERA EDAD

TERCERA EDAD

 

TERCERA EDAD
 
Un día mi espejo me dijo:  Tú estás en la tercera edad.  Me dio mucho susto, me miré de nuevo.  Percibí entonces que por la apariencia externa no estaba igual.  Dura realidad.  Me quedé pensando... ¿Cuándo entré en la tercera edad?  No me acordaba, entré tan despacito que no lo percibí.  ¿Cuándo habría sido?, ¿Cabellos blancos?
 
Recuerdo cuando tenía unos 45, en esa época no me dio miedo.  ¿Cuándo habrá sido?  ¿Cómo pude haberlo olvidado? ¿Las arrugas?, Mi rostro siempre las escondió.  Pero un día, sin que me diera cuenta, entré en la tercera edad.  ¿Qué es tercera edad? Apenas un convencionalismo definido por la edad:  55... 60... 70...  No sé.  Sé que por mi mente, aún soy adolescente.  Me siento aún muy joven en esta mi andanza por los caminos de la vida.
 
Yo creo artes, mi mente inventa travesuras, las más bellas aventuras.  Me he vuelto niño otra vez, aquel infante quieto, callado y tímido de otrora que a la hora de jugar inventaba cosas, que a mi madre enloquecían.  Así era yo.  ¿Será un inicio de caducidad?.
 
Autor Desconocido
 
DIEZ MANDAMIENTOS PARA UNA VEJEZ FELIZ
 
-    Cuidarás tu presentación todos los días. Vístete bien, arréglate como si fueras a una fiesta. Qué más fiesta que la vida.
-    No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Saldrás a la calle y al campo de paseo. El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.
-    Amarás al ejercicio físico como a ti mismo. Un rato de gimnasio, una caminata razonable dentro o fuera de casa. Contra inercia, diligencia.
-    Evitarás actividades y gestos de viejo derrumbado. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose.  ¡NO!  Que la gente diga un piropo cuando pasas.
-    No hablarás de tu vejez ni te quejarás de tus achaques.  Con ello, acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás.  Nadie quiere estar oyendo historias de hospital.  deja de auto llamarte viejo y considerarte enfermo.
-    Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas.  Al mal tiempo buena cara.  Sé positivo en los juicios, de buen humor en las palabras, alegre de rostro, amable en los ademanes.  La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo.
-    Serás útil a ti mismo y a los demás.  No eres un parásito ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida.  Bástate hasta donde sea posible y ayuda.  Ayuda con una sonrisa, con un consejo, un servicio.
-    Trabajarás con tus manos y tu mente.  El trabajo es la terapia infalible.  Una buena actitud laboral, intelectual o artística, es la medicina para todos los males.
-    Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas.  Desde luego que las que anudan dentro del hogar, integrándose a todos los miembros de la familia.  Ahí tienes la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida.  Luego ensancharás el corazón a los amigos, con tal que los amigos no sean exclusivamente viejos como tú. Huye del bazar de antigüedades.
-    No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor.  Deja de estar condenando a tu mundo y maldiciendo tu momento.  Alégrate de que entre las espinas florecen las rosas.
 
Autor Desconocido
 
ORACIÓN POR LOS ABUELOS
 
Señor, nos estamos volviendo viejos; los jóvenes nos hablan con respeto y temen que les contemos anticuadas historias.  A veces no comprendemos nada del mundo de hoy y sentimos el vacío en torno nuestro. Sabemos que tú no eres un Dios tranquilo para viejos achacosos, sino el Dios vivo, inagotable siempre en su novedad, contemporáneo de la actual transformación del mundo. 
 
Comulgando tu pan vivo nos sentimos rejuvenecer: de él sacamos vigor para no ser ancianos de aquellos que se pierden en los recuerdos del pasado.  Concédenos, Señor, el preparar dignamente nuestra vejez, dar sentido a nuestros días actuales.  Que sepamos ofrecer cariño a los nietos y vivir en el afecto de nuestros hijos.
 
Amén
 
Un Abrazo y que Dios derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.

 

¿A TI QUIÉN TE CONDENA?

¿A TI QUIÉN TE CONDENA?

¿A TI QUIÉN TE CONDENA?

Dos hombres fueron condenados el mismo día.  La sentencia consistía en que en un día determinado, en veinte años, serían torturados lentamente hasta la muerte.  Al escuchar la sentencia, el más joven se retorció de la pena y del dolor, y a partir de ese día, cayó en una profunda depresión.  "¿Para qué vivir?" se preguntaba", si de todas maneras van a arrebatarme la vida, y de una manera inconcebiblemente terrible?"

Desde ese día nunca fue el mismo.  Cuando alguno de sus cercanos, compadecido por su estado, le ofrecía apoyo para tratar de alegrarlo, respondía rencorosamente diciendo:
-    Claro, como tú no tienes que cargar mis penas, todo te parece fácil.

En otras ocasiones también replicaba:
-    Tú no sabes lo que sufro, no es posible que me entiendas...
 
Y, a veces, alegaba en voz alta:
-    ¿Para qué me esfuerzo, si de todas formas me harán cumplir la sentencia?
 
Y así, poco a poco, el hombre se fue encerrando en su amarga soledad y murió mucho antes de que se cumpliera el plazo de los veinte años. 

El otro hombre, al escuchar la sentencia, se asustó y se impresionó, sin embargo a los pocos días resolvió que como sus días estaban contados, los disfrutaría.

Con frecuencia afirmaba:
-    No voy a anticipar el dolor y el miedo empezando a sufrir desde ahora.

Otras veces decía:
-    Voy a agradecer con intensidad cada día que me quede.

Y en vez de alejarse de los demás, decidió acercarse y disfrutar a los suyos, para sembrar en ellos lo mejor de sí.  Cuando alguien le mencionaba su condena, respondía en broma:
-    Ellos me condenaron, pero yo no me voy a condenar sufriendo anticipadamente; por ahora estoy vivo.

Fue así que, paulatinamente, se convirtió en un hombre sabio y sencillo, conocido por su alegría y su espíritu de servicio, tanto, que mucho antes de los veinte años, le fue perdonada su condena.
 
Autor Desconocido
 
DEJARSE INMOVILIZAR POR EL PASADO
 
Muchas personas dicen que no pueden disfrutar del día de hoy a causa de algo que sucedió en el pasado.  Como antes no hicieron algo, o no lo hicieron de cierta manera, no pueden vivir plenamente el ahora.  Como ya no tienen algo que tuvieron, no pueden disfrutar del presente.  Porque en el pasado alguien los hirió, ahora no quieren aceptar el amor.  Como una vez que se comportaron de cierta manera les sucedió algo desagradable, están seguros de que volverá a sucederles si actúan de ese modo.  Porque una vez hicieron algo de lo cual se arrepienten, se consideran para siempre malas personas.  Alguien les hizo una mala pasada en una ocasión, y ahora están seguros de que su vida no es lo que ellos quisieran por culpa de aquella persona. Porque en el pasado una situación los indignó, ahora se aferran virtuosamente a aquella indignación.

Debido a alguna antigua experiencia en se sintieron maltratados, jamás han querido perdonar ni olvidar.  Lo que muchas veces nos negamos a reconocer, es que aferrarnos al pasado haya sido lo que haya sido y por más terrible que fuera, sólo sirve para hacernos daño.   Si nos negamos a vivir plenamente el momento presente, sólo nos hacemos daño a nosotros mismos.  El pasado pasó, pertenece al ayer y no es posible cambiarlo.  Este momento es el único en que podemos vivir. 

Hasta cuando nos quejamos del pasado, nuestro recuerdo de él se da en el presente, y en el proceso nos estamos perdiendo la verdadera vivencia de este momento.

Louise Hay
 

Desacelera el ritmo de tu Corazón

Desacelera el ritmo de tu Corazón

Ten calma, desacelera el ritmo de tu corazón silenciando tu mente. Afirma tu paso con la visión del futuro.


Encuentra la calma de las montañas. Rompe la tensión de tus nervios y músculos con la dulce música de los arroyos que viven en tu memoria.


Vive intensamente la paz del sueño.

Aprende a tomar vacaciones de un minuto, al detenerte a mirar una flor, al conversar con un amigo, al contemplar un amanecer o al leer algunas líneas de un buen libro.


Recuerda cada día la fábula de la liebre y la tortuga, para que sepas que vivir más intenso no quiere decir vivir más rápido y que la vida es más que aumentar la velocidad.


Da un giro hacia las ramas del roble que florece y comprende que creció grande y fuerte porque creció despacio y bien.


Ten calma, desacelera el paso y echa tus raíces en la buena tierra de lo que realmente vale, para así crecer hacia las estrellas.

Carta a DIOS

Carta a DIOS


Autora: Zenaida Bacardí de Argamasilla

Me dirijo a Ti porque eres el consultor de todos los problemas, el inspirador de todos los planes y el conductor de todos los caminos.

Me dirijo a Ti a ver si puedes darme la seguridad de que soy lo que Tú quieres y como Tú quieres. Tengo la sensación de que me demoro en el camino que me has trazado, que vivo en desperdicio de actividades y de talentos, que dejo de mano lo que para mí resulta imposible, pero que Tú podrías resolver si sólo lo dejara a Tú cuidado.

Me dirijo a Ti porque eres mi padre y, cuando tengo la impresión de fallarte, algo en mi interior se desnivela y se desequilibra, algo me dice que vivo cansada, de prisa, de golpe en golpe, de experiencia en experiencia… cuando la vida debe ser un aprendizaje continuo y reposado, un enriquecimiento armonioso de todo nuestro ser.

Me dirijo a Ti, Señor, para que no me dejes caer en la presunción de hacer preguntas. Que respuestas entendible podrías darle a mi pequeñez, si tu sabiduría supera todas las inteligencias y Tú mente abarca todas las mentes?

Señor, Tú sabes que somos contradictorios y confusos, que vivimos presionados y llenos de vacíos, que no sabemos manejar esa soledad que a veces no es sosiego, sino miedo. Tú sabes que a veces un granito de Dios basta para hacer del alma luz y de a vida un portento. Pero a veces todo el sol no basta para dar claridad a nuestro camino. A veces los árboles no dejan ver el bosque y las espinas no dejan ver las roas. A veces hay que meterse en los recodos del corazón para encontrarte y para ver lo que somos... porque saber lo que somos es el mayor descubrimiento que podemos realizar por dentro.

Recuerda las veces que hemos sentido que el mundo se nos viene encima, y las veces que somos nosotros los que nos creemos dueños del mundo. Unas veces cantamos con esos versos del alma que haces Tú y esa tonada que ponemos nosotros, y otras veces hay un árido silencio que no deja percibir ni una sola nota.

Señor, que mis oraciones sean como las alas de mi fe. Que guarde mi inspiración como en un estuche de estrellas y de cielo. Que conciba el dolor como la fuente de la salvación y la redención. Cuando en tus designios sea necesario partirme el corazón, hazlo en forma de ala, para echarlo a volar en el espacio que este mas cerca de tu corazón, que es el único refugio.

Ayúdame, porque los golpes a veces derrumban y a veces fortalecen. Ayúdame, porque el espíritu es a veces indomable y a veces frágil. Ponte delante de mí, para que vaya detrás de tus pasos.

Hoy me dirijo a Ti porque eres el padre de la criatura que más te necesita y que con mayor amor te busca.

Hoy que tengo abiertas todas rendijas, mándame tu luz, porque entonces la mechita de mi lámpara nunca se apagará.

Me despido, Señor mandándote lo poquito que soy, pero lo mucho que quisiera ser

Diez pasos para superar un conflicto

Diez pasos para superar un conflicto

Diez pasos para superar un conflicto

1. Mantente fresco cuando otros estén furiosos y pierdan la cabeza. Tienes el control sobre tus emociones, no lo pierdas. No se trata de no demostrar tu molestia, sino de hacerlo mesuradamente, sin después arrepentirte de una acción cometida en un momento de descontrol.


2. Recuerda que cada discusión tiene al menos tres puntos de vista: el tuyo, el del otro y los de terceros, los cuales probablemente están más cerca de la objetividad. Siendo más versátil y viendo las cosas desde la perspectiva de los demás enriquecerás tu propio punto de vista.

3. Espera a calmarte antes de hablar. Ten en cuenta que la relación es más importante que la discusión. Dale más relevancia a las personas que a las opiniones.

4. Trata a toda persona con la cual tengas contacto como si fuera un pariente rico, de quien esperas ser incluido en su testamento. Nunca te arrepientas de tratar muy bien a la gente. Es el mejor negocio en todos los sentidos.

5. Busca el lado positivo y agradable, aun de las situaciones más complicadas y dolorosas. Es una disciplina que te ayudará a pasar más fácilmente los momentos difíciles y a convertir los problemas en oportunidades.

6. Establece el hábito de hacer preguntas y, sobre todo, de escuchar las respuestas. Pregunta antes de reaccionar. Algunas veces disparamos y después preguntamos. También preguntamos, pero escuchamos para contestar, y no para entender.

7. No hagas o digas nada que pueda herir o hacerle daño a otra persona. Aférrate al proverbio que dice que todo lo que uno haga, se devolverá. La gente no recuerda tanto lo que tú dices o haces, sino la intención con la que lo haces.

8. Sé consciente de la diferencia entre análisis amigable y crítica destructiva. Observa si el propósito de tus palabras es ayudar, desahogarte o hacer daño.

9. Ten presente que si toleras a los demás, ellos también serán pacientes contigo en los aspectos no muy gratos de tu personalidad.

10. Reconoce tus errores y acepta tus responsabilidades. No olvides que un conflicto bien manejado fortalece la relación, y te ayuda a aprender de las diferencias. El pensamiento positivo es una disciplina que, ejercitada con constancia, te dará el poder de cambiar tu entorno y, por consiguiente, tu vida.