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CARLOS MARIO GALLO MARTÍNEZ

El ego puede ser bueno

El ego puede ser bueno

 

El ego puede ser bueno

El ego es buenísimo para un ataque de amnesia, de esos con los que no recuerdo que soy el santo Hijo de Dios, a salvo, pleno en perfecta armonía, paz, amor y gozo.

El ego es buenísimo para la depresión: la incrementa, la intensifica, la vuelve crónica; porque el ego me torna una persona ego-céntrica y eso es la depresión el ver "mi vida" "mi pasado" "mi futuro", sólo "mi" vida y contemplar nada más mi vida en aparente desmoronamiento que el ego realza con su lupa devastadora con la que no me queda más que intentar sobrevivir si es que mi depresión me lo permite.

El ego es buenísimo para la separación: la exacerba, la delimita, la subraya, me subraya lo diferente que soy de los demás, es más, me señala que existen otros, me enfatiza que no puedo ser como "esos" por que yo soy de "estos".

El ego es buenísimo para la enfermedad: le encanta, se goza del pesar, del dolor, "ay mi pierna", "ay mi espalda", "ay mis achaques", míos, míos, míos.

El ego es buenísimo para tomar nota: de los que me cuidaron cuando estuve enfermo, de los que me agraviaron cuando estuve enojado, de los que...

El ego es buenísimo para juzgar, es experto en definir, etiquetar y clasificar en función de su percepción, es buenísimo para la subjetividad, para la parcialidad.

El ego es buenísimo para la guerra: fomenta que con los ojos del mundo yo vea la injusticia y entonces clame por la justicia del mundo que en sí, es meramente venganza. Sí, efectivamente, la justicia es el nombre que el ego da a su venganza, a esa que precisa porque siente que fue atacado, "esa afrenta merece justicia", el ego vulnerable, siempre a la defensiva ve el ataque en todo, porque definitivamente es un tirano.

El ego es buenísimo para los berrinches y las pataletas: todas las veces que no ocurren las cosas tal y como el ego desea, todas las veces que los demás no se comportan como el ego había previsto o con los roles que el ego les había asignado, berrinche seguro. Y ese berrinche intensifica la separación, el juicio, la guerra, la "injusticia", la depresión.

Es más ¿cuánto de mi depresión tiene que ver con un "lapso de amnesia"? y como me olvidé Quien Soy, entonces permití que el ego me definiera a mi mismo, miserable, sufrido, víctima indefensa, atacada, dolida, rumiando pasados o vaticinando trágicos futuros pero nunca estando en el presente, claro que no, estar en el presente equivaldría exterminar "mi" depresión y ya la traigo tan pegada que no la quiero soltar, a pesar de que ese apego sea un obstáculo que me impida percibir la Verdad, el amor, la paz y la felicidad que siempre han estado aquí.

Sí, el ego es buenísimo para muchas cosas, pero no lo recomiendo.

 

 

autor  desconocido

DECÁLOGO NAVIDEÑO

DECÁLOGO NAVIDEÑO

DECÁLOGO NAVIDEÑO
 
Si tienes tristeza, ¡Alégrate!
    La Navidad es Gozo.
 
Si tienes enemigos, ¡Reconcíliate!
    La Navidad es Paz.
 
Si tienes amigos, ¡Búscalos!
    La Navidad es Encuentro.
 
Si tienes pobres a tu lado, ¡Ayúdalos!
    La Navidad es Don.

Si tienes orgullosa soberbia, ¡Sepúltala!
    La Navidad es Humildad.

Si tienes deudas, ¡Págalas!
    La Navidad es Justicia.
 
Si tienes maldad y pecado, ¡Arrepiéntete y cambia!
    La Navidad es Conversión y Gracia.
 
Si tienes tinieblas, ¡Enciende tu farol!
    La Navidad es Luz.

Si tienes errores, ¡Reflexiona!
    La Navidad es Verdad.
 
Si tienes resentimientos, ¡Olvídalos!
    La Navidad es Amor.
 
Autor Desconocido 

LA AMISTAD

LA AMISTAD

LA AMISTAD
 
Mis manos siempre están libres, para sostenerte si quieres,
Mis oídos están atentos para escuchar lo que dices,
Mi hombro está dispuesto para apoyarte, si quieres venir a llorar,
A dejar el peso de lo que te agobie,
A dejar escapar lo que aflige tu vivir,
A escuchar tal vez de tu dicha, de volver a amar y sentir,
Que estás vivo y que amas, que nuevamente eres feliz.
 
Todo te lo ofrezco con la más sana intención,
Sólo como una amiga, una mujer triste tal vez,
Porque ha conocido de cerca el dolor,
He convivido con él, me ha perseguido sin tregua.
 
Tal vez por eso me sienta a veces,
Capaz de poder ayudar,
Y es por eso que te ofrezco,
Y también te doy si quieres,
Por siempre mi sincera amistad.
 
No hay doble intención en mis palabras,
Y así sé que tú lo vas a entender,
Porque en eso de ser amigos,
En eso sí, que tú sabes ser.
 
Autor Desconocido

LE PEDÍA A DIOS

LE PEDÍA A DIOS

LE PEDÍA A DIOS
 
Le pedí a Dios estar en primera fila;
Él me colocó en el último lugar para que conociera la paciencia y la humildad.
 
Le pedí ser el centro del mundo;
Él me enseñó que la vanidad me aparta del centro de cualquier cosa.

Le pedí fama y gloria;
Pero Él me concedió sencillez y comprensión para que mi ego no fuera a herir a los demás.

Le pedí a Dios un auto que viajara veloz;
Él me concedió un paso firme por el sendero correcto para que no atropellara mis sentimientos.

Le pedí tener una mansión,
Pero Él me dio una pequeña casa llena de ternura y amor.

Le pedí poseer dinero para tener muchos amigos;
Pero Él me concedió algo mejor: me ofreció Su amistad, no a cambio de mi dinero, sino de mi sinceridad.

Le Pedí a Dios poseer mucha belleza;
Y sin embargo Él me dio sensibilidad y belleza espiritual, para que no me sintiera más que los demás.

Le pedí a Dios ser siempre feliz;
Pero Él me hizo conocer la tristeza para que comprendiera que la vida no sólo está compuesta de cosas bellas y para que tuviera compasión por el sufrimiento de los demás.

Le pedí un carácter fuerte;
Pero Él me concedió un corazón blando y un carácter pasivo para que pudiera amar y ayudar a los demás.

Le pedí tener el mundo a mis pies;
Pero Él me hizo comprender que es mejor tener amigos en el corazón.

Por todo esto Dios mío: nunca me concedas todo lo que te pido; concédeme lo que hasta hoy he tenido la dicha de poseer.
 
Autor Desconocido   

HUBO UN MOMENTO

HUBO UN MOMENTO

HUBO UN MOMENTO
 
    Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna; pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.
    Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor; y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más.
    Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir; y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.
    Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido; y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de tu casa.
    Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna; y sin dejarte ni siquiera entristecerte terminó en un abrazo.
    Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar; y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera.
    Hubo un momento en el que dudaste de encontrar un buen trabajo; y hoy puedes darte el lujo de ahorrar para el futuro.
    Hubo un momento en el que sentiste que no podrías hacer algo: y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo.
    Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte; y te quedaste boquiabierto mientras alguien parecía leer tu corazón.
 
    Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.
    Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad.
 
Autor Desconocido    

QUIZÁS ESTANDO SOLO

QUIZÁS ESTANDO SOLO

QUIZÁS ESTANDO SOLO
 
    Quizás estando solo, de noche en tu aposento, oirás que alguien te llama sin que tú sepas quién es, y aprenderás entonces que hay cosas como el viento que existen ciertamente, pero que no se ven.
    También es posible que una tarde de hastío, mientras florece un surco, te renazca un afán.  Aprenderás entonces que hay cosas como el río, que se están yendo siempre, pero que no se van. 
    O al cruzar una calle, tu corazón risueño, recordará una pena que no tuviste ayer, y aprenderás entonces que hay cosas como el sueño, cosas que nunca han sido, pero que pueden ser.
    Por más que tú prefieras ignorar estás cosas, sabrás porque suspiras oyendo una canción, y aprenderás entonces que hay cosas como las rosas o cosas que son hermosas, sin saber que lo son.
    Y una tarde cualquiera sentirás que te has ido y un soplo de cenizas, secará tu jardín.  Entonces, aprenderás que el tiempo y el olvido, son las únicas cosas que nunca tienen fin.
 
Autor Desconocido 

POEMA DE LAS COSAS

POEMA DE LAS COSAS

POEMA DE LAS COSAS

Quizás estando sola, de noche, en tu aposento
oirás que alguien te llama sin que tú sepas quién
y aprenderás entonces, que hay cosas como el viento
que existen ciertamente, pero que no se ven...

Y también es posible que una tarde de hastío
como florece un surco, te renazca un afán
y aprenderás entonces que hay cosas como el río
que se están yendo siempre, pero que no se van...

O al cruzar una calle, tu corazón risueño
recordará una pena que no tuviste ayer
y aprenderás entonces que hay cosas como el sueño,
cosas que nunca han sido, pero que pueden ser...

Por más que tu prefieras ignorar estas cosas
sabrás porqué suspiras oyendo una canción
y aprenderás entonces que hay cosas como rosas,
cosas que son hermosas, sin saber que lo son...

Y una tarde cualquiera, sentirás que te has ido
y un soplo de ceniza regará tu jardín
y aprenderás entonces, que el tiempo y el olvido
son las únicas cosas que nunca tienen fin.
 
José Ángel Buesa

IMAGINA

IMAGINA

IMAGINA
 
    Imagina, que un Ángel de Dios está a tu lado en estos momentos.
    Quédate tranquilo y en silencio.  Piensa en todos los problemas que te gustaría solucionar.
    Todo lo que te angustia, te hace llorar, te oprime, te preocupa, te deja triste. Hasta tu miedo del futuro, de equivocarte, y de escoger el camino errado.
    Piensa ahora en todo eso; abre tu corazón e imagínate entregando todo eso a Dios.
    Coloca tus manos en posición de entrega. Imagínate ahora entregándolo, como quien entrega un saco bien pesado a otra persona para que lo lleve.
    Ahora, imagina todo lo bueno que tú quieres que suceda, o lo que ya haya acontecido en tu vida: momentos de felicidad, de amistad, de cariño, de paz, de amor.
    Coloca todo en tus manos, imaginariamente, y haz el gesto de guardarlo en tu corazón, como se guarda una joya en una cajita.
    Coloca aquel tesoro guardado muy dentro de ti, y di “Gracias”, con mucha fe, de corazón.
    Agradece por todo lo bueno que quedó y por todo lo malo que salió. Cuenta hasta tres y respira bien profundo.
    Ahora, imagina que el Ángel voló y se llevó tus oraciones hasta Dios.
 
Autor Desconocido