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CARLOS MARIO GALLO MARTÍNEZ

TUS PERTENENCIAS

TUS PERTENENCIAS

TUS PERTENENCIAS
 
Un hombre murió intempestivamente.  Al recobrar la conciencia, vio a Dios que se acercaba y que traía consigo una maleta.  Cuando estuvo a su lado, le dijo:
-    Bien hijo mío, es hora de irnos.

El hombre asombrado le preguntó a Dios:
-    ¿Ya?, ¿tan pronto?, tenía muchos planes.
-    Lo siento hijo, pero es el momento de tu partida.

-    ¿Qué traes en esa maleta?
-    Tus pertenencias
 
-    ¿Mis pertenencias?  Es decir, ¿mis cosas, mis ropas, mi dinero?
-    Lo siento hijo, las cosas materiales que tenías, nunca te pertenecieron; eran de la tierra.
 
-    ¿Traes mis recuerdos?
-    Lo siento hijo, esos ya no vienen contigo, nunca te pertenecieron; eran del tiempo.
 
-    ¿Traes mis talentos?
-    Lo siento hijo, pero esos nunca te pertenecieron; eran de las circunstancias.
 
-    ¿Traes a mis amigos, y a mis familiares?
-    Lo siento hijo, pero ellos nunca te pertenecieron; eran del camino.
 
-    ¿Traes a mi mujer y a mis hijos?
-    Lo siento hijo, ellos nunca te pertenecieron; eran de tu corazón.
 
-    ¿Traes mi cuerpo?
-    Lo siento hijo, ese nunca te perteneció; ese era del polvo.
 
-    Entonces, ¿traes mi alma?
-    Lo siento hijo, pero ella nunca te perteneció; era mía.
 
El hombre lleno de miedo le arrebató a Dios la maleta y al abrirla se dio cuenta que estaba vacía.  Con una lágrima de desamparo brotando de sus ojos, el hombre le dijo a Dios:
-    Entonces, ¿nunca tuve nada?
 
Y Dios le contestó:
-    Sí, hijo mío.  Cada uno de los momentos que viviste fueron sólo tuyos.
 
Autor Desconocido    

VALORES HUMANOS

VALORES HUMANOS

VALORES HUMANOS
 
"La calidad moral que mueve a hacer las buenas acciones con convencimiento y firmeza en el arte de vivir".  Está perfectamente comprobado que los niños que han recibido en su hogar y en la escuela una buena educación en los valores y virtudes humanas, tienen las mejores puntuaciones en autocontrol, comportamiento y cooperación que los que no han recibido esa educación. Los padres que tienen hijos que se portan mal, en casa y en la escuela, suelen estar más alejados de las prácticas religiosas, el hábito de las virtudes y el ejercicio de los valores.

Hay 10 valores humanos que los padres deben enseñar a sus hijos, para que tengan éxito en la vida:

    Amistad
    Autodisciplina
    Compasión
    Coraje
    Fe
    Honestidad
    Lealtad
    Perseverancia
    Responsabilidad
    Trabajo

Están puestos por orden alfabético, pero cada padre o madre, puede ponerlos en orden a su preferencia.
 
Razones del porqué educar en valores:

Si los padres practican con el ejemplo y enseñan a sus hijos los valores y las virtudes religiosas y humanas, como la cultura moral de lo que se supone que tiene que ser el mundo, están contribuyendo a crear unos hábitos en los hijos que trascienden a todas sus actividades, escolares, sociales, familiares y políticas.

Las organizaciones religiosas, siempre apoyan a los padres, mejoran sus habilidades y los niños ven que los mensajes de los progenitores, son reforzados por otros adultos, además de que las comunidades religiosas, aportan al ser padre una significación sagrada.  Se entiende por religión, la que practican los padres, bien sean católicos, protestantes, judíos, musulmanes, etc.

1. Amistad

La amistad es algo más que un afecto, es amor.  Es una perspectiva moral.  La amistad tiene sus exigencias: franqueza, apertura, capacidad de aceptar críticas y halagos, lealtad, sacrificio, etc.  Suele surgir de intereses y metas comunes.  Un amigo es mucho más que un conocido.  Se requiere mucho tiempo y esfuerzo para establecerla y gran trabajo para mantenerla.  Los padres no son amigos, los padres son padres por encima de todo y de una forma muy superior.  A un amigo lo pueden rechazar, a un padre no. 

Forma de practicarla

Todos los padres saben que para los hijos es fundamental la elección de amigos, pues eso les indicarán el rumbo que van a seguir en la vida.  Los buenos amigos elevan nuestro desarrollo moral e intelectual y los malos amigos lo disminuyen y en ocasiones lo destruyen.  Los padres deben enseñar a los hijos, a reconocer las falsas amistades y a que comprendan en que son nocivas para ellos.  También los padres deben dar ejemplo con sus propias amistades, con las que se relacionan.  Una actividad de maduración profunda para un joven, puede ser el iniciar amistad con otro alumno que no tiene amigos, porque es nuevo o porque es menos afortunado en los estudios o en la sociedad.

El aspecto más activo de la amistad se refleja en estas frases: “Para tener un amigo, sé un amigo” y “Los amigos no permiten que sus amigos, conduzcan ebrios”

Algunas circunstancias donde se ven claramente la fuerza e intensidad de la amistad: Los amigos que permanecen unidos en la adversidad.  Los amigos que dan más de lo que esperan recibir.  Los amigos que para mejorar, se inducen mutuamente. Los pequeños actos, grandes sacrificios o acciones heroicas, realizadas por amistad.

2. Autodisciplina

Quiere decir, discípulo de uno mismo.  Es imprescindible para mantener el control sobre nuestra vida y desarrollo.  Con ella conseguiremos la formación de hábitos mediante la puesta en práctica.  Podremos plantearnos desafíos que nos permitan obtener los logros propuestos.  Nos ayuda a tener orden y rigor en nuestras cosas.

Forma de practicarla

Es indispensable para poder conseguir los objetivos propuestos en la escuela o en la casa.  Servirá para hacer la tarea sin dilaciones ni excusas.  También para cumplir los horarios de llegada a la escuela y de empezar y terminar las tareas.  Para distribuir el tiempo dedicado a los estudios, deportes, asueto, televisión, juegos, lecturas, etc.   Podrán ponerse desafíos y hacer programas con tiempos, objetivos y controles parciales.  Irán viendo los resultados y apreciarán los avances. Los alumnos que tienen diseñado un programa de horarios para sus actividades, tienen muchísimas más posibilidades de obtener mejores resultados en sus estudios.

3. Compasión

Es un valor que tiene en cuenta la realidad de otras personas.  Es bondad, benevolencia, amistad.  Es una actitud hacia la camaradería, la unión y el compañerismo en los momentos difíciles.  Auxiliar al que está en desgracia.  Modera el egoísmo virulento del individuo.  Lo contrario es lo divisorio: racismo, sexismo, chovinismo, el pecado de omisión, etc.

Forma de practicarla

Si se ha acostumbrado a los hijos a distinguir con claridad entre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, encontrarán muy sencillo aplicarla ante situaciones que diariamente se le presentan con sus compañeros de clase.  Siempre habrá un momento, donde podrán ayudar a alguien con tareas que el otro no puede hacer.  De esta manera, reforzaran sus propios conocimientos y dejan un buen sabor de boca en quien ha sido ayudado.  Normalmente las obras buenas, se esparcen rápidamente y siempre la ayuda realizada se recibe devuelta, multiplicada por mil. Lo que crea un flujo y reflujo de ayuda, que beneficia escolarmente, a todos los que practican el valor de la compasión.
 
Enseñar a practicar la compasión, elimina el grave problema de la discriminación por razas, sexos, economías, religiones, etc. Por eso los hijos educados en la compasión, se pueden desenvolver en todos los ambientes, pudiendo sacar buen provecho de situaciones, donde otros no pueden entender el convivir.

4. Coraje

El coraje consiste en saber qué es lo que se debe temer.  Lo contrario del coraje es la temeridad, que algunos la confunden con la falta de miedo.  El coraje en las personas bien formadas, sale a relucir frente a las injusticias.  Realizando actos de valentía, nos volvemos valientes y cuanto más valientes somos, más capacidad de resistencia poseeremos.  La razón sirve para actuar con inteligencia, ante situaciones desafiantes.

Forma de practicarla

Los padres deben fomentar también este valor, pues ayudará a los hijos a sacar fuerzas de las flaquezas.  Les enseñará a luchar fuerte, en lo que consideran retos de estudios, trabajos o relaciones.  Habrá cosas que las hagan en función de un reto, que ellos mismos se propongan.  Dominarán el miedo al ridículo, serán valientes en defensa de los demás, incluso hablando por los que no tienen voz.  Los padres también deberán enseñar a los hijos a acompañar a otros que estén en circunstancias difíciles.  Esto permitirá que los jóvenes adquieran coraje y aprendan a manejar su confianza y su temores, aprendiendo también a distinguir que es lo correcto, incluso dominando su voluntad.

5. Fe

Es la virtud teológica que añade una dimensión trascendente a la vida moral de la humanidad y une a la gente, de una manera inimitable por otros medios.  Para los fieles de cualquier credo religioso, es una fuente de disciplina, poder y sentido de la vida.  Las grandes regiones, ofrecen anclas sólidas para los que andan a la deriva, pues ofrecen estabilidad social y desarrollo moral, tanto al individuo como al grupo.  La fe proporciona a quienes la practican: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, generosidad, fidelidad, afabilidad y disciplina.

Forma de practicarla

Los padres deben inculcar a sus hijos, desde pequeños, los principios de la fe, para que estén preparados para que cuando llegue la edad del raciocinio, puedan distinguir lo bueno y lo malo de lo que externamente les ofrecen.  De pequeños es posible que no comprendan todo lo que les dicen, pero si no tienen una sólida formación en la fe, no podrán elegir libremente, lo mejor para sus vidas y caerán en manos, de los que sistemáticamente, se dedican a engañar a los jóvenes menos formados.

Los principios de la fe adquiridos desde pequeños, son inamovibles durante el paso de los años y continuamente salen a relucir, incluso en los difíciles momentos de incertidumbre, próximos a la desesperación.  La fe conduce a la práctica de las otras virtudes, tan necearías para la formación de los jóvenes, por eso los padres tienen la obligación de enseñar con el ejemplo, practicando su fe públicamente.  Cuando todo falla, la fe es el asa donde los padres pueden agarrarse, para la educación de sus hijos, pues la fe conserva su firme arraigo en el amor y en la vida.

6. Honestidad
 
Es la capacidad de decir y hacer la verdad.  La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás, pero necesita práctica y estudio para conseguir la integridad.  La mentira es una fácil herramienta de ocultamiento y cuando se emplea a menudo degenera en un vicio maligno.  Es imprescindible para las relaciones humanas, para la amistad y para la autentica vida comunitaria.  El engaño produce mucho más daño, que las dificultades que acompañaban a la honestidad.

Forma de practicarla
 
Los padres deben enseñar con su propio ejemplo todas las variantes de la honestidad, incluyendo la del trabajo bien hecho.  Deben tomarla en serio y practicarla diariamente, para que se afinque en la mente de los jóvenes.  Es una de las virtudes más difíciles de mantener en la escuela, pero cuando se practica con asiduidad, deja una fama imperecedera. Inculcar la virtud de la honestidad, supone que debe dejar de existir el juego con la sociedad de “píllame si puedes”.   Los padres deben enseñar que “no es lo mismo ser honesto, que parecer honesto”.  A la larga la honestidad es rentable para todos los humanos, aunque cueste sacrificio no dejarse llevar por determinadas malas costumbres. Copiar o hacer trampas en los exámenes, es engañarse uno mismo y a la larga o a la corta no se obtiene nada más que perjuicios.  La honestidad de un joven con su ejemplo, enciende más honestidad en sus compañeros.
 
7. Lealtad
 
La lealtad es la verdadera unión con la familia, religión, amigos, profesores y grupos con los que hemos decidido identificarnos. Siempre intentaremos que la lealtad sea mutua. La verdadera lealtad sobrevive a los contratiempos, resiste a la tentación y no se acobarda ante los ataques.  La lealtad es diferente de la amistad, aunque algunas veces van de la mano.  Las lealtades conflictivas, pueden imponer decisiones desagradables, pero analizándolas inteligentemente, se pueden poner en sus justos términos, pues no siempre las lealtades son antagónicas.
 
Forma de practicarla
 
Los padres tienen que enseñar y dialogar con los hijos, sobre cuáles son las verdaderas lealtades que los hijos deben tener, aclarándoles las prioridades, compatibilidades e incompatibilidades, con la formación que se ha adquirido y el estilo de vida que se quiere llevar.  Ser leales a las buenas causas es un signo de Gran humanidad.  La lealtad mal entendida es lo que esclaviza a muchos jóvenes, en su pertenecía a las pandillas.  En las pandillas se entra bastante fácil, pero cuando se entra, ya no se puede salir.

Es fundamental enseñar con el ejemplo, a ser leales a los principios educativos, religiosos, sociales y cívicos.  También a los ancestros familiares, a los amigos cuando tienen problemas, a las buenas causas, etc.  Será una enseñanza que deberá aplicarse durante la vida escolar y que perdurará para toda la vida.  Alguien siempre está esperando que le seamos leales.
 
8. Perseverancia
 
La perseverancia es crucial para el éxito, si está unida a la inteligencia práctica.  Ha sido siempre un ingrediente esencial para el progreso humano.  La asiduidad y la persistencia son irresistibles, para aguardar la oportunidad. Perseverancia es: resistir, tenacidad, constancia, tesón, insistir, etc. Lo contrario es el abandono, los titubeos y la falta de determinación.

Forma de practicarla
 
Los padres, por medio del ejemplo, deben alentar a los hijos a perseverar, insistiendo en el esfuerzo de perfeccionarse a sí mismos, de mejorar su propia suerte e intentar mejorar la suerte ajena.  Unida a las otras virtudes, la perseverancia, no tiene límites para intentar una y otra vez seguir realizando los esfuerzos necesarios para obtener los objetivos que nos hayamos propuesto. La perseverancia es la fuerza que hace que no abandonemos retos propuestos, incluso en los momentos más difíciles, e intentar una y otra vez hasta conseguir los objetivos.  Esta actitud supondrá ante otros jóvenes el deseo de emulación y la virtud se multiplicará, cuando otros vean los esfuerzos realizados y los logros conseguidos.  Los entrenamientos para los deportistas pueden ser aburridos, pero perseverando en ellos, es la única manera de lograr los triunfos.  El repaso continuo de las lecciones más difíciles y aburridas, supondrá un buen ejemplo de la perseverancia.  El ahorro sistemático de dinero, aunque sea poco, es otra forma de practicar la perseverancia.
 
9. Responsabilidad
 
Significa tener la capacidad, madurez y responsabilidad de responder de nuestros actos. Las personas maduras, son las que se hacen cargo de sí mismas y de sus conductas. Lo contrario son las excusas, la falta de compromiso y eludir las obligaciones. Es necesario la práctica y el ejemplo, para cultivar la responsabilidad de forma clara, coherente y acorde con las aptitudes de los hijos. No debemos avergonzarnos, cuando nos invitan a participar en actos de manifiesta responsabilidad.

Forma de practicarla
 
Educar a los hijos en la responsabilidad empieza, desde muy pequeños en la casa, con el cumplimiento de pequeñas tareas.  Si con el ejemplo y la práctica continua de los padres, se consigue introducir esta virtud en el comportamiento diario de los hijos, cuando lleguen a la escuela tienen andado ya un camino muy importante, pues responderán ante sus maestros, padres y compañeros con firmeza, ante las obligaciones contraídas en el desempeño de sus obligaciones. Serán responsables de sus horarios, tareas encomendadas, calidad exigida, actitud ante los demás, utilización de materiales propios y ajenos, voluntariados prometidos, aseo necesario, indumentaria, dinero para administrar, etc. La responsabilidad conlleva implícita la satisfacción del deber cumplido ante la comunidad, la familia y ante sí mismo.

10. Trabajo
 
El trabajo es el esfuerzo aplicado, en aquello a lo cual nos dedicamos para lograr algo.  No es la tarea con la cual nos ganamos la vida, sino aquello que hacemos con nuestra vida.  Lo opuesto al trabajo, no es el ocio ni la diversión, es la pereza, el hecho de no invertir en nuestras aptitudes.  Las tareas escolares, las que hacen en el hogar y las realizadas en equipo, son trabajos no remunerados, se hacen porque son necesarios.  La antítesis del trabajo bien hecho, es el hacer las tareas para cumplir, no para aprender.
 
Forma de practicarla
 
Para ayudar a nuestros hijos a que sean felices y que disfruten de la vida, necesitamos ofrecerles dos cosas: la práctica en hacer varias cosas que requieran un nivel de esfuerzo y compromiso, compatible con cierta inversión personal en la actividad y el ejemplo de nuestra propia vida.  Hay que ayudarles a que encuentren una vocación profesional y que disfruten de ella.  El hábito del trabajo se debe fomentar desde muy pequeños, en las tareas personales y de la casa. El aseo personal, la ayuda en la cocina, arreglar las camas, hacer mandados, etc.  Todas las tareas domesticas, requieren aprendizaje y se puede hacer alegremente y con orgullo, o a regañadientes y a disgusto.  No hay tareas indignas, sólo actitudes indignas.  El trabajo está íntimamente asociado, con la mayoría de las otras virtudes, por eso forman un conjunto inseparable.  Fomentar en los hijos el concepto del trabajo bien hecho y a tiempo, será un paso muy importante para su formación escolar y profesional.  Las empresas y los profesores, enseguida distinguen quiénes han sido bien educados en sus años jóvenes en la virtud del trabajo.
 
A partir de esta virtud, nacen los conceptos del voluntariado gratuito, bien en la escuela o en la sociedad.  Fomentarlo es ayudar a que practiquen de niños, lo que el día de mañana, podrá ser una experiencia que le servirá para distinguirse de los demás.
 
Tomado de: Escuela para Padres
www.micumbre.com
 

EL PAN DE CRISTO

EL PAN DE CRISTO

EL PAN DE CRISTO
  
El siguiente es el relato verídico de un hombre llamado Víctor.  Al cabo de meses de encontrarse sin trabajo, se vio obligado a recurrir a la mendicidad para sobrevivir, cosa que detestaba profundamente.  Una fría tarde de invierno se encontraba en las inmediaciones de un club privado cuando observó a un hombre y su esposa que entraban al mismo.   Víctor le pidió al hombre unas monedas para poder comprarse  algo de comer. 
 
-    Lo siento, amigo, pero no tengo nada de cambio -replicó éste.   La mujer, que oyó la conversación, preguntó:
-    ¿Qué quería ese pobre hombre?
-    Dinero para una comida.  Dijo que tenía hambre -respondió su marido-.
-    Lorenzo, no podemos entrar a comer una comida suntuosa que no necesitamos y dejar a un hombre hambriento aquí afuera.
-    Hoy en día hay un mendigo en cada esquina.  Seguro que quiere el dinero para beber.
-    Yo tengo unas monedas.  Le daré algo.
 
Aunque Víctor estaba de espaldas a ellos, oyó todo lo que dijeron.  Avergonzado, quería alejarse corriendo de allí, pero en ese momento oyó la amable voz de la mujer  que le decía:
-    Aquí tiene unas monedas.  Consígase algo de comer, aunque la situación está difícil, no pierda las esperanzas.  En alguna parte hay un empleo para usted, espero que pronto lo encuentre.
-    ¡Muchas gracias, señora!  Me ha dado usted ocasión de comenzar de nuevo y me ha ayudado a cobrar ánimo.  Jamás olvidaré su gentileza.
-    ¡Estará usted comiendo El Pan de Cristo!  Compártalo -dijo ella con una cálida sonrisa dirigida más bien a un hombre y no a un mendigo.
 
Víctor sintió como si una descarga eléctrica le recorriera el cuerpo, encontró un lugar barato donde comer, gastó la mitad de lo que la señora le había dado y resolvió guardar lo que le sobraba para otro día.  ¡Comería el Pan de Cristo durante dos días!  Una vez más, aquella descarga eléctrica corría por su interior. ¡El Pan de Cristo!
-    Un momento -pensó-.  No puedo guardarme el Pan de Cristo solamente para mí mismo.  Le parecía estar escuchando el eco de un viejo himno que había aprendido en la escuela dominical.  En ese momento pasó a  su lado un anciano.
-    Quizás ese pobre anciano tenga hambre -pensó-.   Tengo que compartir el Pan de Cristo.
-    Oiga -exclamó Víctor-.  ¿Le gustaría entrar y comerse una buena comida?
 
El viejo se dio vuelta y lo miró con descreimiento.
-    ¿Habla usted en serio, amigo? 
 
El hombre no daba crédito a su buena fortuna hasta que se sentó a una mesa cubierta con un hule y le pusieron delante un plato de guiso caliente.  Durante la cena, Víctor notó que el hombre envolvía un pedazo de pan en su servilleta de papel:
-    ¿Está guardando un poco para mañana? -le preguntó-.
-    No, no.  Es que hay un chico que conozco por donde suelo frecuentar, la ha pasado mal últimamente y estaba llorando cuando lo dejé, tenía hambre.  Le voy a llevar un pedazo de pan.
 
¡El  Pan de Cristo!  Víctor recordó nuevamente las palabras de la mujer y tuvo la extraña sensación de que había un tercer convidado sentado a aquella mesa.  A lo lejos las campanas de una iglesia parecían entonar a los dos el viejo himno que le había sonado antes en la cabeza.  Los dos hombres llevaron el pan al niño hambriento, que comenzó a engullírselo.  De golpe se detuvo y llamó a un perro, un perro perdido y asustado:
-    Aquí tienes, perrito.  Te doy la mitad -dijo el niño-.  El Pan de Cristo alcanzará también para ti.
 
El niño había cambiado totalmente de semblante.  Se puso de pie y comenzó a vender el periódico con entusiasmo:
-    Hasta luego -dijo Víctor al viejo-.  En alguna parte hay un empleo para usted.  Pronto dará con él, no desespere.  ¿Sabe?  -su voz se tornó en un susurró-, esto que hemos comido es el Pan de Cristo.  Una señora me lo dijo cuando me dio aquellas monedas para comprarlo.   El futuro nos deparará algo bueno.
 
Al alejarse el viejo, Víctor se dio vuelta y se encontró con el perro que le olfateaba la pierna.  Se agachó para acariciarlo y descubrió que tenía un collar que llevaba grabado el nombre del dueño.  Víctor recorrió el largo camino hasta la casa del dueño del perro y llamó a la puerta.  Al salir éste  y ver que había encontrado a su perro, se puso muy contento.  De golpe, la expresión de su rostro se tornó seria.  Estaba por reprocharle a Víctor que seguramente había robado el perro para cobrar la recompensa, pero no lo hizo.  Víctor ostentaba un cierto aire de dignidad que lo detuvo, en cambio dijo:
-    En el periódico vespertino de ayer ofrecí una recompensa. ¡Aquí tiene!
 
Víctor miró el billete medio aturdido:
-    No puedo aceptarlo -dijo humildemente-.  Sólo quería hacerle un  bien al perro.
-    Recíbalo.  Para mí lo que usted hizo, vale mucho más que eso.  ¿Le interesará un empleo?   Venga a mi oficina mañana, me hace mucha falta una persona íntegra como usted.
 
Al volver a emprender Víctor la caminata por la avenida, aquel viejo himno que recordaba de su niñez volvió a sonarle en el alma, se titulaba:  "Parte el Pan de Vida, no te canses de dar, pero no des las sobras, da hasta sentirlo, hasta que duela". 
 
Autor Desconocido     

LA TRISTEZA Y LA FURIA

LA TRISTEZA Y LA FURIA

 

LA TRISTEZA Y LA FURIA
 
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta.  En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.  Había una vez, un estanque maravilloso.  Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente.
 
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse, haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.  Las dos se quitaron sus vestimentas, y desnudas, las dos entraron al estanque.  La furia, apurada como siempre, urgida (sin saber porqué) se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua.
 
Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad.  Así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró.  Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza.  Y así, vestida de tristeza, la furia se fue.
 
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.  En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.  Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque: la ropa de la furia.
 
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza.
 
Jorge Bucay   
Tomado de su libro: Cuentos para Pensar

 

EL SACO DE CARBÓN

EL SACO DE CARBÓN

EL SACO DE CARBÓN
 
Un día, Jaimito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre lo llamó y Jaimito lo siguió, diciendo en forma irritada:
-    Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!
 
Su padre, un hombre sencillo, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:
-    Imagínate que el tonto de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso!  Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.
 
El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso:
-    ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones, pero como el tendedero estaba lejos, pocos de ellos acertaron sobre la camisa.  Cuando el padre regresó, le preguntó:
-    Hijo, ¿qué tal te sientes?
-    Cansado, pero alegre.  Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.
 
El padre tomó al niño de la mano y le dijo:
-    Ven conmigo, quiero mostrarte algo.
 
Colocó a Jaimito frente a un espejo que le permitió ver todo su cuerpo.  ¡Qué susto!  Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos.  En ese momento el padre dijo:
-    Hijo, como pudiste observar, la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú.  El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queramos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre quedan en nosotros mismos.
 
Autor Desconocido  

NO SUBESTIMES A NADIE

NO SUBESTIMES A NADIE

NO SUBESTIMES A NADIE
 
Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Antonio. Iba cargando todos sus libros y pensé: ¿Por qué se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? ¡Debe ser un nerd!
 
Yo ya tenía planes para todo el fin de semana: Fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.  Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él, cuando lo alcanzaron, le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo. Vi que sus anteojos volaron y cayeron en el pasto como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus anteojos.

Vi lágrimas en sus ojos. Le acerqué sus anteojos y le dije:
-    Esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto contigo.

Me miró y me dijo:
-    ¡Hola!, gracias amigo.

Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud. Lo ayudé con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de escuela. Caminamos hasta su casa. Lo ayudé con sus libros; parecía un buen chico.  Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado, conmigo y mis amigos, y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Antonio, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos.
 
Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Antonio con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije:
-    Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días.
 
Se rió y me dio la mitad para que le ayudara. Durante los siguientes cuatro años, Antonio y yo nos convertimos en los mejores amigos.  Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Antonio decidió ir a una universidad de la capital para estudiar medicina y yo me quedaría en la ciudad estudiando administración.  A pesar de la distancia, sabía que siempre seríamos amigos.
 
Antonio fue el orador de nuestra generación.  Yo lo molestaba todo el tiempo diciéndole que era un nerd. Llegó el gran día de la graduación, y él preparó el discurso. Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Antonio se veía realmente bien. Era una de esas personas que realmente se había encontrado a sí mismo.  Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban.  Algunas veces hasta me sentía celoso, hoy era uno de esos días.
 
Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que, le di una palmadita en la espalda y le dije:
-    Vas a ver que estarás genial, amigo.

Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió.  Como un "gracias", interpreté lo que sus ojos querían decirme.  Limpió su garganta y comenzó su discurso:
-    La graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquellos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: Nuestros padres, nuestros maestros, nuestros hermanos, nuestros entrenadores, pero principalmente nuestros amigos. Yo estoy aquí para decirles a ustedes, que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir, y a propósito, les voy a contar una historia.
 
Yo miraba a mi amigo incrédulo, cuando comenzó a contar la historia del día que nos conocimos. Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él, para que su mamá no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía. "Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable”.

Yo escuchaba con asombro cómo este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud.  Recién en ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras.  Nunca subestimes el poder de tus acciones.  Con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros, para impactarlos de alguna manera. Mira a Dios en los demás.
 
Autor Desconocido

EL GINECÓLOGO SABIO

EL GINECÓLOGO SABIO

EL GINECÓLOGO SABIO
 
Con un bebé de brazos, una mujer muy asustada llega al consultorio de su ginecólogo y le dice:
-    Doctor por favor ayúdeme, tengo un problema muy serio.  Mi bebé aún no cumple un año y estoy embarazada de nuevo. No quiero tener más hijos en tan poco tiempo, prefiero un espacio mayor entre uno y otro.
 
El médico le pregunta:
-    Muy bien, ¿qué quiere que yo haga?

Ella responde:
-    Deseo interrumpir mi embarazo y quiero contar con su ayuda.
 
El médico se quedó pensando un poco y luego de un momento le dice:
-    Creo que tengo un método mejor para solucionar el problema y es menos peligroso para usted.
 
La mujer sonrió, pensando que el médico aceptaría ayudarla.  Él siguió hablando:
-    Vea señora, para no tener que estar con dos bebés a la vez en tan corto espacio de tiempo, vamos a matar a este niño que está en sus brazos. Así usted tendrá un período de descanso hasta que el otro niño nazca.  Si vamos a matar, no hay diferencia entre uno y otro de los niños. Y hasta es más fácil sacrificar éste que usted tiene entre sus brazos puesto que usted no correrá ningún riesgo.
 
La mujer se asustó y dice:
-    ¡No, doctor! ¡Qué horror! ¡Matar a un niño es un crimen!
 
El médico sonríe y le contesta:
-    También pienso lo mismo, señora, pero usted me pareció tan convencida de hacerlo, que por un momento pensé en ayudarla.

Después de algunas consideraciones, el médico ve que su lección surte efecto, y convence a la madre que no hay la menor diferencia entre matar un niño que ya nació y matar a uno que está por nacer, y que está vivo en el seno
materno.  El crimen es exactamente el mismo.
 
Autor Desconocido   

YO ACARICIÉ EL CIELO

YO ACARICIÉ EL CIELO

YO ACARICIÉ EL CIELO
 
Admito que el final tiene que llegar, y hay que aceptarlo.  Es algo que se presiente.  La mayoría de las veces no se puede explicar, pero sin embargo se puede dar conocimiento del suceso.  ¿Con qué fin? Para que aceptemos la verdad.  Lo voy a explicar de acuerdo a como lo viví.  El cielo existe y tal es la diversidad de testimonios que se narran por quienes han traspasado el umbral de la vida a la muerte.  Yo crucé el umbral y puedo explicar que tal evento, conlleva a ciertos milagros que nos hacen creer, que Dios sí existe.
 
No hay otra forma de aceptarlo, a veces nos preguntamos:
-    ¿Dónde están nuestros padres o algún otro ser querido que se nos adelantó?
 
Miramos al cielo y hasta nos llama la atención tal o cual estrella haciéndonos a la idea de que la que más destellos regala a nuestra vista, es nuestro ser amado.

El inicio, fue un presentimiento y lo primero que se me ocurrió, fue dirigirme a mi rincón favorito y sentarme al borde de la cama.  Al hacerlo, mi cuerpo se fue hacia atrás y perdí el conocimiento.  De acuerdo con el diagnóstico una hora después del acontecimiento y ya en el hospital, el cardiólogo dijo a mi esposa e hijos: ”Fue una muerte súbita”.

Cuando esto sucedió, me vi en un área en donde reinaba mucha quietud.  Estaba parado y dirigiendo la vista de un lado a otro.  Se veía un manto de nubes con poco movimiento y de un color gris claro.  Fui a dar ahí, para reconocer el lugar donde posiblemente iba a quedar mi ser y mi alma para siempre.
 
No dejo de aceptar, la tranquilidad de los procesos de la naturaleza, son aceptables y vivir una experiencia así, es para entender que nuestro cuerpo espiritual sí disfruta al morir, lo hermoso de ese cambio.  Todo esto lo comento, para hacer ver la realidad y quitarnos esa idea errónea, de que el morir es horrendo.  Claro que en vida lo que más nos preocupa, es que cuando llega la muerte a un ser querido, ya no lo veremos más. 
 
Un gran alivio sentí cuando me vi en el túnel en donde mi cuerpo, en forma horizontal, giraba y oía el suave ruido del aire como el que se filtra por las hendiduras de las puertas.  El túnel era amplio, y estaba formado por nubes de color gris claro.   Conforme avanzaba, disfruté del viaje.  Sinceramente, me sentía tranquilo y contento pues creo que mi creencia religiosa me ayudó a tomar esta experiencia como algo natural que tarde o temprano y de acuerdo a la decisión de Dios, hay que aceptar.
 
A mitad del viaje, dentro del túnel, percibí voces de niños y un cántico que me agradó.  A mi modo de ver, eran ángeles que posiblemente festejaban el arribo de mi espíritu a ese lugar tan hermoso.  Avanzaba lentamente en el túnel y al final del mismo, vi un destello, un fulgor de luz de distintos colores que me avisaba que el viaje estaba por concluir.

De repente, me vi fuera del túnel y parado en el manto de nubes.  Alcancé a divisar tres torres muy altas: una era de oro, la otra de plata y la tercera de cristal.  Eran muy hermosas.  Al estar viendo las torres de abajo hacia arriba, giré mi cabeza a la derecha y vi a mi lado a una persona un poco más alta que yo.  No supe quién era, pero me sonreía dulcemente, era de rasgos finos.  Pero llegó la desilusión: retorné, y  lo primero que vieron mis ojos, fue a mi esposa, que preocupada y con el llanto a punto de brotar, me hablaba. 
 
¿Con que fin doy testimonio de esta experiencia?  Pues para quienes hayan perdido a un ser querido, tengan la confianza y plena seguridad, de que nuestros seres amados, están felices de esa nueva vida y gozando de la dicha de Dios.

En el hospital, ante la visita del cardiólogo, el Cirujano, me hizo la pregunta:
-    ¿Entonces qué Don César?
 
Mi respuesta fue:
-    Adelante doctor.
 
Vi en el rostro de mi esposa cierta preocupación pues estaba dando el sí a la intervención.  Fue una decisión que con gran aplomo tomé, sabiendo que era necesario tomar ese paso.  Cuando me preparaban para la operación, alcancé a ver el rostro de una hermosa mujer que se acercó a la camilla donde yo estaba, y hablándome al oído empezó a orar.  Era una dulce voz que me reconfortó de tal manera, que me entregué a Dios.  Desde ese momento, no tuve miedo.

Era necesaria la presencia de 14 donadores de sangre.   ¿Dónde íbamos a encontrar tal cantidad de donadores?  Pero la preocupación pasó a sonrisas, cuando se me informó que La Academia de Policía envió a un pelotón de cadetes, conformado por 14 jóvenes con la orden de donar su sangre para un servidor.  Un gran detalle que me hizo esbozar una expresión que me calmó, pues no estaba solo.  Mi familia compuesta por mi esposa y 3 hijos, sonreían al ver desfilar uno por uno a los cadetes de La Policía.

LOS SANTOS
 
Después que recibí las curaciones en cuidados intensivos, estaban el cardiólogo, el cirujano, y 5 médicos más para ver la reacción de mi restablecimiento, ya que les causaba asombro que después de la delicada operación, yo estuviera bromeando con las enfermeras, que aguantaban las ganas de reír porque debían hacer silencio.  Pero observaron a los pocos minutos, que persistía un sangrado y se ordenó nuevamente mi traslado al quirófano, para volver a abrir y corregir ese sangrado.  Y otra vez a cuidados intensivos.

Al día siguiente tras el rápido restablecimiento, me vistieron con bata blanca y una sábana en mis piernas, me sentaron en un sillón para estar en un cuarto con todas las comodidades, aseado, rasurado y peinado para que recibiera en tan solo 5 minutos a 5 visitantes, uno por minuto.  La primera en pasar fue mi esposa.  Al verme, quedó asombrada pues vio en mi cara el rostro de Juan Pablo II, fue una visualización que la enterneció al cumplir el minuto de visita.  Salió sin decir ni media palabra.  Después entró mi hija, que también tuvo la agradable sorpresa de la visualización, pero al salir no pudo callarlo y se formó una algarabía.  Los siguientes 3 familiares que entraron a visitarme, y a pesar de su excepticismo, vieron lo mismo. 
 
No sabemos en realidad, dónde nos espera la muerte, pero hay que estar conscientes de que sólo con una experiencia como la que yo viví, el haber disfrutado de acariciar el cielo y que dejamos el mundo material para vivir el espiritual es: en realidad, una gracia de Dios.
 
LOS MILAGROS EXISTEN 
 
Sin temor a equivocarme puedo decir que sí los hay y muchos. Cuando el cardiólogo autorizó mi salida a casa, ordenó una radiografía de Tórax para que se la llevara en la siguiente cita.  Así se hizo, mi esposa fue a recoger la radiografía y al llegar a casa, mi hija abrió el sobre, sacó el negativo y poniéndolo a la luz del sol, descubrió algo que le llamó la atención y exclamó: ¡Mira Mamá, ven a ver!

Tanto mi hija como mi esposa, disfrutaron de la radiografía, en donde se ve con la formación de huesos a un Cristo Crucificado, como el que conocemos con los brazos extendidos y la cabeza inclinada.  Al lado izquierdo, se alcanzan a ver unas sombras oscuras en el rostro que asemejan sus ojos, la nariz y la boca.  Los pies terminan en punta cruzados. 
 
Cuando mi esposa le entregó la radiografía al cardiólogo, este la puso a la luz y abordándolo mi esposa le dijo:
-    ¿Qué alcanza a ver doctor en la radiografía?
 
De inmediato la respuesta del médico fue:
-    ¡Pues sí, es para creer! 
 
Con esa contestación el doctor también aceptó tal realidad y eso, que dentro de la ciencia médica, no están autorizados para dar una respuesta positiva, dentro de esos acontecimientos.
 
LA ORACIÓN
 
La oración es la medicina infalible para la sanación.  Hay que comprenderla y aceptarla sin importar qué religión profesamos.  Que mis Bendiciones y las de todo el mundo, acompañen siempre a la dama que se me acercó antes de la operación y oró por mí, pues supo calmar con sus oraciones el difícil momento.  A quienes se preocuparon por mí, les agradezco sus atenciones.

Con este testimonio de mi viaje, en donde conocí el cielo y con mi experiencia vivida, quiero hacer ver que el morir es hermoso y que no debemos tener miedo de aceptar las decisiones de Dios.  Después de que disfruté del cielo, pensé que era un lugar tan hermoso y me dije:
-    ¿Para qué regresaba?
 
Pero aún no era el tiempo y Dios me regresó para terminar la obligación con mi esposa, hijos y nietos. De verdad, que hermosa oportunidad me regaló Dios.  
 
César A.  Elizondo R.   
Suceso ocurrido el 3 de Julio de 2005
Nuevo León  -  México